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martes, 21 de julio de 2009

Sin miedo a las alturas

Carlos Retegui busca nuevos desafíos tras su primer título con las Leonas; sufre con los vuelos, pero ni las turbulencias lo afectaron en el regreso: "Quedé tan feliz que no sentí nada", dijo; quiere que Aymar "sea Messi con la pelota y Mascherano sin ella"



FOTO El reencuentro de Retegui en Ezeiza con su esposa, María, y sus hijos,
Mateo y Micaela; el DT atraviesa un gran momento de su carrera

Foto: LA NACION / Marcelo Omar Gómez
Por Gastón Saiz De la Redacción de LA NACION


Será que un gran logro como el de las Leonas en el Champions Trophy también trae un placentero efecto anestesiante. Carlos Retegui, el director técnico, es un conejillo de Indias: "Le tengo pánico a los aviones, no me calmo ni con diez valiums. Hubo una turbulencia fuertísima en el vuelo de regreso desde Sydney, pero quedé tan feliz con el equipo que no sentí nada", cuenta el Chapa, otra vez en casa.
Ahora, el DT está abrazado nuevamente con su familia (María, su esposa; Micaela y Mateo, sus hijos), a la que extrañó durante los 20 días de la gira. Llegó en la madrugada de ayer con el plantel, aunque el jet lag no le impidió dirigir los entrenamientos del seleccionado junior y de GEBA. "A la tarde iba manejando para las prácticas con el auto y me reía solo. ¿Eso es felicidad?".


Retegui no para. Para esto tiene una frase: "Voy a descansar cuando me muera". El próximo domingo viajará a Boston para conducir a las Leoncitas en el Mundial Sub 21, junto con Guillermo Fonseca. Aunque todavía resuenan los ecos del tercer título de las Leonas en el Champions Trophy, después del triunfo 4-3 por penales ante Australia.


-Asumiste en marzo. ¿Por qué se dio un éxito tan rápido?
-Por un montón de cosas. Por la predisposición de las jugadoras, por las ganas, por la solidaridad de ellas y del cuerpo técnico. La alegría se contagia, y así es todo mucho más fácil. No vi una discusión en los 20 días de la gira. Ni una.
-Se ve que las jugadoras interpretaron tu forma de trabajo.
-Mi método es conducir con confianza, que no es lo mismo que confiarse. Después, la libertad que tienen las chicas es total: tratamos de manejar los tiempos para no sobrecargarlas.
-¿Qué mensaje te dejó el festejo de las Leonas en el Olympic Park?
-Que la Argentina también puede verse ante el mundo como un país lindo, poderoso, con gente buena y con ganas de dar lo mejor de sí.
-Marc Lammers, DT campeón olímpico y mundial con Holanda, dice que la Argentina abusa del corazón y que hay que usar más la cabeza, como lo hacen sus dirigidas para ser frías y no cometer errores. ¿Qué opinás?
-Nosotros somos de sangre caliente, nunca vamos a renunciar al corazón, y si después cometemos errores, bueno... Claro, también es cierto que hay que tener inteligencia, razonar un partido.
-¿Qué te hace pensar que la Argentina puede ser campeón en la Copa del Mundo de Rosario en 2010?
-Los cinco rivales del Champions Trophy participaron con las jugadoras que seguro van a estar en el Mundial.




La Argentina, en cambio, actuó con varias que casi no tenían matches internaciones. Es decir que la proyección y el techo son muy altos. Incluso, también tienen un techo alto las más grandes.
-A propósito de las experimentadas, ¿qué pretendés de Aymar?
-Quiero que sea Messi con la pelota y Mascherano sin ella. Lo más gratificante es que es una más dentro del grupo: en los entrenamientos se queda levantando bochas, juntando los conos, tirando al arco después de hora.
-¿Qué síntesis global harías de la actuación en el Champions Trophy?
-Nunca pensé que íbamos a perder la final con Australia. Sí sentí eso en algún momento contra China, en el debut en el torneo. Para el plantel es bueno ver a Holanda desde lo más alto del podio.
-¿Por qué fue una final tan fea?
-Era el sexto partido en ocho días, más todos los test previos que habíamos jugado en Auckland y Sydney. Esa carga de tensión y exigencia influyen.
-¿Qué hay que mejorar de acá al Mundial, en este año que falta?
-Lo primero es que las chicas aumenten 2 o 3 kilos de masa muscular para sostener partidos a una mayor intensidad, con más potencia física. Lo otro es táctico: pasar a jugar con tres defensoras, un cuadrado con dos volantes defensivas y otras dos ofensivas, más tres delanteras. Es decir, en lugar de un 3-1-3-3, sería un 3-2-2-3. Hay muchas otras cosas, pero lo más importante es que el crecimiento y la ilusión son muy grandes.


Colaboró Guido Molteni